martes, 12 de junio de 2012

"El 37"


Una de las lecciones más difíciles por las que hemos pasado, mi esposo y yo, ha sido la de apretar los puños para contener nuestro deseo de devolver el golpe y responder a la traición, dejando el trabajo a Dios.
Afortunadamente, desde la primera prueba, nos salió al paso el versículo 34 del libro 37 de los Salmos en donde Dios nos alertó: “Pero tú, espera en el Señor, y vive según Su voluntad, que él te exaltará para que heredes la tierra. Cuando los malvados sean destruidos, tú lo verás con tus propios ojos”.
A pesar de que la instrucción era clara, confieso, el dejar pasar las oportunidades para hacer mal al agresor fue un acto de obediencia mayúsculo pues, a pesar de todo, las circunstancias nos dejaron abiertas posibilidades para devolver el daño. Y, encima de todo, Dios ordenaba ¡esperar! 
Las consecuencias de la traición vivida se sintieron con gran severidad en los siguientes meses y, una y otra vez, resurgía ese sentimiento de enojo contra nuestros verdugos, por lo que casi a diario nos recordábamos el versículo para remachar el mensaje.
Y, como siempre, el tiempo pasó y logramos esperar hasta recibir la noticia que confirmaba el cumplimiento de la promesa: Aquel que había fraguado el plan y mentido en nuestra contra, había sido despedido de la empresa, sorprendiéndonos no sólo a nosotros, sino a él mismo, que se pensaba recubierto de la seguridad que entonces perdía.
A decir verdad, fue difícil no sentir una alegría por ver la caída del enemigo y buscamos el perdón por los pensamientos. Pero algo fue inevitable y fue reconocer que, Dios había cumplido cabal y puntualmente lo prometido. 
Entonces, nuestra fe y confianza en Él crecieron y la certeza de que la Biblia, Su Palabra, eran ciertas.
(Continuará. . .)

jueves, 22 de marzo de 2012

"¡Fraude! o ¿Fraude?"

Algunas semanas atrás, al darme cuenta de que me era indispensable iniciar alguna rutina que incluyera algo de ejercicio, compré dos DVD´s de dos reconocidas especializas en ejercicios aeróbicos a ritmo de danza, para hacerlo en casa y en el momento más oportuno.
La portada de los dos materiales garantizaba que, con 15 minutos diarios de baile dirigido, recuperaría la condición física y mejoraría el aspecto de zonas específicas de mi cuerpo. Así que, cuando leí la garantía de resultados y el precio, sin dudarlo, los compré.
Hoy, después de más de un mes, me miro al espejo y noto que esa acumulación adiposa en mi vientre sigue redondeándolo y que mis brazos no han recuperado tonicidad, tampoco.  "Pero recuerdo claramente haber leído en las cajas de los DVD´s que esas zonas serían las primeras en mostrar los resultados", pensé. Ahora, me siento engañada y concluyo que ¡es un fraude!
Igualmente, he escuchado gente que, después de un tiempo de haber aceptado a Jesús como guía de su vida, concluye que, el cristianismo, no funciona y que su vida sigue igual a como era antes de tomar esa decisión. Y, aunque aceptan que la Biblia contiene sabiduría y es inspirada por Dios, no notan ningún cambio.
Por cierto, ¿Mencioné desde que compré los DVD´s para ejercitarme aún no les quito la envoltura?. . . ¿Será que, aunque la gente lee la Biblia, aún no quitan la envoltura a sus verdades y promesas para usarlas?
Bueno. . . sólo pensaba un rato. 

viernes, 16 de marzo de 2012

"¡Cuidado!"

Aunque muchos recomiendan leer la Biblia iniciando con el Nuevo Testamento, yo he encontrado que la secuencia cronológica, que inicia en Génesis, me da una visión muy distinta y me ayuda a entender como el hombre ha ido “entendiendo”, si es válida la aseveración, a Dios y como ha ido cambiando su relación con Él a lo largo del tiempo.
Y, más importante aún, descubro que Dios tiene memoria, que escucha y que considera las actuaciones, peticiones y necesidades de los seres humanos.
Semanas atrás, en Éxodo y Números, Moisés funcionaba como líder de los judíos y ahora, en Deuteronomio, Dios mismo les recuerda y dice en el versículo 16 del capítulo 18: “Esto es conforme a todo lo que pediste al Señor tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: “No vuelva yo a oír la voz del Señor mi Dios, no vuelva a ver este gran fuego, no sea que muera”.
El tiempo al que se refiere es el momento en el que los israelitas, en lugar de aceptar una invitación para encontrarse con Dios, le piden que haya un intermediario entre ellos y Él. La solicitud, nos muestra Deuteronomio, es escuchada y atendida.
Aunque la petición misma amerita una reflexión en particular, una campanada de atención me invita a pensar que, ¡debemos tener cuidado con lo que pedimos!, porque Dios, sin duda, está escuchando.
Ante esta conclusión, pienso, la oración toma una nueva dimensión y requiere un tratamiento distinto. Tal vez los creyentes hemos confundido el acceso a Dios de manera directa y constante, con una descuidada forma de pedir Su intervención y su atención.
Desde hoy, me propongo recordar, ¡Cuidado con lo que pides!

martes, 13 de marzo de 2012

"Victoria express"

Después de leer la recapitulación que Moisés hace en los primeros capítulos de Deuteronomio, me pregunto: ¿Eran necesarios 40 años para llegar a la tierra prometida?
Y es que, intercalados en los pasajes de esa parte de la historia de los judíos, puedo ver con claridad el poderío de Dios quien deja claro, a través de sus prodigios, que no tiene barrera alguna para hacer lo que está en su Voluntad y sus propósitos. Entonces, ¿para qué esas guerras perdidas y esos años de peregrinar en un desierto difícil de sobrevivir?
Cierto es que ni el alimento ni la ropa eran problema y, a pesar de las ansiedades de los israelitas, no podían declararse perdidos porque, Dios, jamás dejó de estar presente para guiarlos. Pero, ¿no hubiera podido ahorrarles algo de las penurias de vivir como nómadas?
Es cuando llego a ese momento de la reflexión que encuentro la justificación a la fórmula que Dios utilizó. Para llegar a establecerse y vivir en una tierra de abundancia, era importante que los israelitas pudieran conocerse de cuerpo entero y reconocer cada una de sus debilidades, sus móviles internos, su ingratitud y su verdadera naturaleza. Algo que, a fin de cuentas, se revela en los momentos en que ellos se quejan, se rebelan a Dios, son infieles y vuelven a la idolatría, una y otra vez, antes de confiar en Él.
Cuando pienso en nosotros, los cristianos modernos, nos veo orando siempre por bienestar, desalentándonos cuando la respuesta a nuestra petición no llega y volvemos a ídolos que nos resuelvan lo que Dios, en apariencia, no puede resolvernos. Nos enrolamos en hiperactividad en el trabajo para lograr llegar a la tierra de la bonanza o buscamos con desesperación, en la pareja, la estabilidad y confort antes de acercarnos a Dios para sentir la paz anhelada. El trabajo, las relaciones, las diversiones, el dinero y tantas cosas son los ídolos con los que somos infieles a Dios.
Así que, si pienso en los judíos errantes por 40 años, es como pensar en nosotros los cristianos que tampoco entendemos que, la libertad de nuestro opresor “egipcio”, la muerte, también nos fue dada a través de Cristo y, que las pruebas de nuestro peregrinar por la vida, son para mostrarnos lo que llevamos dentro y para que podamos corregirlo.
Y concluyo que, para los cristianos como para los judíos, en esta vida, no hay victorias express. 

domingo, 26 de febrero de 2012

"¿Sólo agua?"

“¡Lluvia! Los diques recuperan nivel, los ríos se ven caudalosos como hace mucho tiempo y, la lechuga, se malogró. ¡Demasiada agua! Pero la albahaca crece feliz... Espero llegar a cosechar algunas chauchas...”, leí en el muro de una amiga y, en un intento de clasificar su comentario, descubrí que la “noticia”, no era buena ni mala sino. . . ¡Las dos!
Pero, ¿acaso no eso es una tendencia muy de los seres humanos? Con mucha frecuencia, tratamos de aplanar los eventos para hacerlos entrar en la ranura de una clasificación única cuando, en realidad, la misma situación depende de quien la está viviendo.
El ejemplo más obvio es el dinero, al que tendemos a pensar como una “bendición”, algo que siempre es bienvenido y que de forma absoluta entra en el género de “las cosas buenas”. Pero, ¿no es un exceso de dinero lo que, con demasiada frecuencia, aleja a la gente de Dios? Es como esa “demasiada agua” que malogró la lechuga. Mientras, ese mismo dinero para unos misioneros, es como ver aumentar los caudales de los ríos que les permitirán navegar más lejos o cosechar más albahacas.
A fin de cuentas, el dinero, como tantas cosas, no es ni bueno ni malo sino, lo que hacemos con él o el momento en que llega, es lo que mostrará la verdadera razón de su presencia en nuestra vida. 
Así que, cuando Dios disponga algo que no sólo nos afecte a nosotros sino también a lo que nos rodea, pensemos en esa lluvia pues, no sabemos, tal vez, estará ayudando a ver crecer el nivel de los diques en la vida de otra persona aunque, en la nuestra, parezca que está malogrando las lechugas.

"Relaciones difíciles"

En cuanto la gente ve el tamaño de Lorenzo, además de sentirse cautivada por sus ojos azules, preguntan si no es difícil mantener a un animal de su tamaño y, contra lo que todos asumen, a últimas fechas, me encuentro con la dificultad de convencerlo para que coma.
Y es que, mi grandulón, inició una etapa de inapetencia o, al menos al principio, así lo pensé.
Sin importar el esmero, variedad o calidad de los alimentos que pusiera frente a él, la actitud resultó la misma: ¡No, gracias! Así que, a los pocos días de tanta negativa, mi perro adolescente comenzó a perder peso y verse desganado.
Antes de lograr la victoria, para variar, mi existencia se complicó con el segundo evento de cirugía en la familia y mis ausencias se alargaron y nuestras caminatas disminuyeron. Y Lorenzo, con cara triste, continuó rechazando cualquier platillo, por más aromático y exquisito que pareciera. Para rematar, un viaje de cuatro días, me obligó a dejarlo a cargo de un familiar. ¿El resultado? Un perro que, a pesar de los mejores intentos, se mantuvo en ayuno voluntario por dos días consecutivos.
Ahora, las cosas en casa están volviendo a lo más parecido a la “normalidad” y, Lorenzo y yo, hemos empezado a tener un poco más de tiempo para caminar y acompañarnos. Y, con un poco de paz, he comenzado a observar un cambio en él. Si me mantengo a su lado al momento de comer, lo hace con más gusto y hasta termina su dotación.
Entonces recordé a mi madre. ¿Acaso no se anima cuando yo la acompaño, a pesar de su prolongada estancia en el hospital? Sí, pude recordar el cambio en su semblante cada vez que entro a la habitación y descubrí que, hasta el tono de su voz, se alegra.
A ella, al igual que a Lorenzo, no le gusta la soledad.
Así que, si ahora alguien me preguntara, por enésima vez, si no es difícil tener a un Gran Danés, tal vez voltearía y le preguntaría a Lorenzo: ¿Es difícil vivir con alguien como yo, Lorenzo? Y estoy segura que, hasta con la más benevolente de sus respuestas, lo escucharía decir: ¡Es difícil es vivir con alguien que, sin ton ni son, aparece o se va!
Lorenzo, como siempre, me has hecho pensar y comprender a los demás, los que me rodean y me cuestiono: ¿Cómo se sienten al vivir junto a alguien. . .como yo? 

viernes, 24 de febrero de 2012

"Libre. . . al fin"

En estos días, ¡todos hablan de Whitney!
Y las opiniones son tan diversas. Algunos comentarios, cargados de juicio, la desechan, señalándola como la mujer que desperdició su vida y que recibió lo que merecía. Otras, suavizadas por una mirada más humana, lamentan el suplicio vivido en su matrimonio, lleno de eventos tormentosos. Pero, a fin de cuentas, la historia de la talentosa cantante fue motivo de crítica en unos y reflexión, en otros.
No siendo muy asidua a seguir las noticias del espectáculo, me fui enterando por diferentes fuentes de su origen y su historia. 
El inicio, una niña que cantaba en la iglesia protestante de su comunidad. La trama, la fama y un esposo que la inicia en las drogas de las que, sin importar con cuanto afán, no se logró librar. El final, la cantante que, abiertamente, habla del amor de Cristo y canta la canción que, muy probablemente, aprendió en la escuela dominical: “Jesús me ama”. 
Ver la escena que precedió a su muerte, entonando la conocida letra que habla del amor de nuestro Salvador, me sembró una idea.
¿Acaso no todos tenemos un “algo” que nos jala hacia la desobediencia y nos aleja de Dios? Tal vez, el adicto al trabajo, parezca menos condenable. O el que lucha con la pornografía, cada vez que se acerca una pantalla. Y, no puedo borrar de la lista: la ira, la gula, la mentira, la holgazanería, el sexo, el egoísmo, el miedo, el alcohol, la religiosidad y, las posibilidades, son interminables.
Para Whitney, todos sabemos, fueron las drogas y me pregunto, ¿acaso el tiempo que estamos lejos, caídos, es lo que define nuestra salvación? ¿Soy yo la única que alcanza a escuchar a esa mujer declarando públicamente su confianza en Jesús? ¿No nace en nadie más la idea de que, tal vez, el corto tiempo desde que entonó su último canto hasta su muerte, fue un acto de inmensa misericordia de Dios? ¿Podría ser que Dios, conociendo su calvario, diera fin al tormento que la azotaba en vida, para llevarla a su encuentro, al lugar de paz y descanso que por Gracia le había prometido?
La muerte, casi por definición, la juzgamos como algo malo y, si se da en las circunstancias tan trágicas como las de Whitney, tendemos a pensar que es “el castigo merecido”. Pero, creyendo en la Gracia, en la Salvación y en la fidelidad de Dios en sus promesas, me inclino a pensar, con alivio, que fue un regalo de Dios para hacer de Whitney, finalmente, una mujer libre.