domingo, 2 de septiembre de 2012

"Pregunta"


Los días fáciles parecen escasearse a últimas fechas. Hoy, contra lo que se ha convertido en una tradición personal, no tengo el entusiasmo que normalmente me invade los domingos.
Muy por el contrario, mi corazón está sumergido en un clima nublado de desesperanza y de tristeza. Y, si mi circunstancia no me empujara a moverme, aún yacería en mi cama y me forzaría a cerrar los ojos para no ver el sol.
Mi rutina, trastocada por el desánimo, también excluyó mi lectura diaria de la Biblia. Y entonces me pregunto, ¿estará el Señor enojado por ello?
Comienzo a tratar de imaginarlo y lo pienso al lado mío. Él también parece silencioso o ¿acaso será que yo lo he callado entre las pastas de mi Biblia? Lo observo con ojos cerrados y puedo sentir Su presencia y Él puede sentir mi pesadumbre.
Lágrimas se abren paso entre mis párpados y aprieto los labios. Ahora Él es el que me observa, lo sé y no hay reproche en su mirada. Su voz es un largo y quieto silencio.
No, estoy segura, Él no se ha enojado porque necesito silencio. Jesús es mi amigo y, ¿no fue Él quien nos dijo que “lloráramos con el que llora y nos gozáramos con el que goza”?
Me siento triste y Él se entristece conmigo. Tal vez no habrá lectura bíblica el día de hoy pero, respondiendo mi pregunta, me digo convencida: Sé qué Él me acompaña, me comprende y calla junto a mí.

jueves, 30 de agosto de 2012

"Sutil diferencia"


Cuando observo la manera en que la gente se conduce frente a los monarcas de naciones que aún conservan esas figuras reales en su estructura socio política, puedo percibir reverencia y un gran respeto incluso cuando son familiares directos y cercanos. Los nietos de la reina, por ejemplo, quienes seguramente conviven en la intimidad de los muros como cualquier familia, muestran una actitud reverente en otros entornos.
Y esas imágenes, aunadas a la lectura del libro de Ezequiel, me obligan a reflexionar sobre el fenómeno que ocurre entre nosotros los cristianos quienes, al haber recibido la oferta de cercanía de Dios, perdemos de vista Su grandeza y lo convertimos en un dios pequeño, casi a nuestra estatura.
Mi conclusión es simple pues, ¿acaso nos atreveríamos a desobedecer, ignorar y hasta retar al Dios Todopoderoso si mantuviéramos en mente quién es Él?
Los capítulos de libro del profeta Ezequiel, con sus advertencias y consignas, me han hecho redimensionar al Dios al que hablo y oro todos los días. Él, con todo su poder, hizo desaparecer pueblos enteros y es capaz de cumplir todas sus amenazas contra el pueblo que se rebeló flagrantemente. Lejos de la imagen del Dios amoroso y perdonador, se levanta en esos pasajes Aquel que ha sido herido y traicionado. El Dios que está listo a descargar su ira y acabar con las abominaciones de aquellos que perdieron de vista que Él es el Creador de cielo y tierra.
Me ha bastado leer y releer la severidad de la voz de Dios para recordar que, por una Gracia que llegamos a confundir como debilidad, es que nosotros no recibimos la paga que por nuestras acciones deberíamos recibir y que la cercanía la convirtamos en irreverencia.
No es grata una lectura que habla de consecuencias duras por la traición y desobediencia pero, tengo que reconocer, nunca está demás el recordatorio sobre la magnificencia y dimensión de nuestro Dios. Tal vez ahora, cuidando no pasar la sutil raya de la reverencia, pueda devolverle el honor, respeto y temor que Él merece.

martes, 28 de agosto de 2012

"Inútil"


La experiencia de vivir en medio de una familia de no creyentes, en una cosa puedo asegurar, resulta común a todos y es la idea de que “es inútil hablarles de Cristo”.
Bajo el argumento de que “Nadie es profeta en su propia tierra”, callamos y nos manejamos con discreción suficiente para no “incomodar” a los que nos rodean. Porque, ¿quién se quiere convertir en el pariente incómodo? Y la estrategia de prudencia, confieso, resulta muy conveniente o, al menos, lo fue hasta que releí el tercer capítulo de Ezequiel.
El profeta, elegido por Dios, recibe una visión bajo el poder del Espíritu Santo y es enviado, no a pueblos ajenos y de lengua extraña, ¡sino a su propio pueblo! Y con el Espíritu guiándole, experimeta indignación y amargura al ver su entorno pecaminoso con los ojos de Dios. (versículo 14)
Mi memoria me recordó las tantas cosas que ocurren en el seno de mi familia, muchas de las cuales son opuestas abiertamente a lo que Dios marca como correcto. Y lo más cercano a la indignación y amargura de Ezequiel que yo he vivido, se reduce a momentos de ojos críticos y un silencio sustentado en la convicción de que, en su momento, Dios lidiará con ellos.
Pero hoy, el pasaje del capítulo 3, ha refrescado las verdaderas fórmulas y no las cómodas versiones en las que me he instalado.
Primero, debo estar alerta y no acostumbrarme a la vida pecaminosa, aceptándola como correcta.
Segundo, Dios puede pedirme que testifique incluso entre los míos, mi familia más cercana. 
Tercero, nunca es inútil hablarle a alguien porque, si así fuera, ¿acaso Dios habría dicho a Ezequiel en el versículo 11: “háblales y diles, escuchen o dejen de escuchar”? Dios sabía que Israel era un pueblo rebelde al igual que sabe que nosotros lo somos y, sin embargo, nos pide, como su pueblo, que vayamos y divulguemos Su Evangelio.
Esta porción de la Biblia resulta por demás confrontante pero, una última cosa, reta a mi atención: Dios pega la lengua de Ezequiel para que observe pero le advierte que, cuando Él le hable, hablará a los israelitas. Y, ¿cómo le habló Dios al profeta para instruirlo y revelarle en cada ocasión anterior? ¡A través de Su Espíritu!
Me llega entonces el momento de la verdad: ¿Estoy viviendo buscando escuchar la voz y dirección de Su Espíritu a cada momento del día?
Tal vez, de toda la enseñanza de la lectura, sea esto, lo que más deba pensar.

martes, 12 de junio de 2012

"El 37"


Una de las lecciones más difíciles por las que hemos pasado, mi esposo y yo, ha sido la de apretar los puños para contener nuestro deseo de devolver el golpe y responder a la traición, dejando el trabajo a Dios.
Afortunadamente, desde la primera prueba, nos salió al paso el versículo 34 del libro 37 de los Salmos en donde Dios nos alertó: “Pero tú, espera en el Señor, y vive según Su voluntad, que él te exaltará para que heredes la tierra. Cuando los malvados sean destruidos, tú lo verás con tus propios ojos”.
A pesar de que la instrucción era clara, confieso, el dejar pasar las oportunidades para hacer mal al agresor fue un acto de obediencia mayúsculo pues, a pesar de todo, las circunstancias nos dejaron abiertas posibilidades para devolver el daño. Y, encima de todo, Dios ordenaba ¡esperar! 
Las consecuencias de la traición vivida se sintieron con gran severidad en los siguientes meses y, una y otra vez, resurgía ese sentimiento de enojo contra nuestros verdugos, por lo que casi a diario nos recordábamos el versículo para remachar el mensaje.
Y, como siempre, el tiempo pasó y logramos esperar hasta recibir la noticia que confirmaba el cumplimiento de la promesa: Aquel que había fraguado el plan y mentido en nuestra contra, había sido despedido de la empresa, sorprendiéndonos no sólo a nosotros, sino a él mismo, que se pensaba recubierto de la seguridad que entonces perdía.
A decir verdad, fue difícil no sentir una alegría por ver la caída del enemigo y buscamos el perdón por los pensamientos. Pero algo fue inevitable y fue reconocer que, Dios había cumplido cabal y puntualmente lo prometido. 
Entonces, nuestra fe y confianza en Él crecieron y la certeza de que la Biblia, Su Palabra, eran ciertas.
(Continuará. . .)

jueves, 22 de marzo de 2012

"¡Fraude! o ¿Fraude?"

Algunas semanas atrás, al darme cuenta de que me era indispensable iniciar alguna rutina que incluyera algo de ejercicio, compré dos DVD´s de dos reconocidas especializas en ejercicios aeróbicos a ritmo de danza, para hacerlo en casa y en el momento más oportuno.
La portada de los dos materiales garantizaba que, con 15 minutos diarios de baile dirigido, recuperaría la condición física y mejoraría el aspecto de zonas específicas de mi cuerpo. Así que, cuando leí la garantía de resultados y el precio, sin dudarlo, los compré.
Hoy, después de más de un mes, me miro al espejo y noto que esa acumulación adiposa en mi vientre sigue redondeándolo y que mis brazos no han recuperado tonicidad, tampoco.  "Pero recuerdo claramente haber leído en las cajas de los DVD´s que esas zonas serían las primeras en mostrar los resultados", pensé. Ahora, me siento engañada y concluyo que ¡es un fraude!
Igualmente, he escuchado gente que, después de un tiempo de haber aceptado a Jesús como guía de su vida, concluye que, el cristianismo, no funciona y que su vida sigue igual a como era antes de tomar esa decisión. Y, aunque aceptan que la Biblia contiene sabiduría y es inspirada por Dios, no notan ningún cambio.
Por cierto, ¿Mencioné desde que compré los DVD´s para ejercitarme aún no les quito la envoltura?. . . ¿Será que, aunque la gente lee la Biblia, aún no quitan la envoltura a sus verdades y promesas para usarlas?
Bueno. . . sólo pensaba un rato. 

viernes, 16 de marzo de 2012

"¡Cuidado!"

Aunque muchos recomiendan leer la Biblia iniciando con el Nuevo Testamento, yo he encontrado que la secuencia cronológica, que inicia en Génesis, me da una visión muy distinta y me ayuda a entender como el hombre ha ido “entendiendo”, si es válida la aseveración, a Dios y como ha ido cambiando su relación con Él a lo largo del tiempo.
Y, más importante aún, descubro que Dios tiene memoria, que escucha y que considera las actuaciones, peticiones y necesidades de los seres humanos.
Semanas atrás, en Éxodo y Números, Moisés funcionaba como líder de los judíos y ahora, en Deuteronomio, Dios mismo les recuerda y dice en el versículo 16 del capítulo 18: “Esto es conforme a todo lo que pediste al Señor tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: “No vuelva yo a oír la voz del Señor mi Dios, no vuelva a ver este gran fuego, no sea que muera”.
El tiempo al que se refiere es el momento en el que los israelitas, en lugar de aceptar una invitación para encontrarse con Dios, le piden que haya un intermediario entre ellos y Él. La solicitud, nos muestra Deuteronomio, es escuchada y atendida.
Aunque la petición misma amerita una reflexión en particular, una campanada de atención me invita a pensar que, ¡debemos tener cuidado con lo que pedimos!, porque Dios, sin duda, está escuchando.
Ante esta conclusión, pienso, la oración toma una nueva dimensión y requiere un tratamiento distinto. Tal vez los creyentes hemos confundido el acceso a Dios de manera directa y constante, con una descuidada forma de pedir Su intervención y su atención.
Desde hoy, me propongo recordar, ¡Cuidado con lo que pides!

martes, 13 de marzo de 2012

"Victoria express"

Después de leer la recapitulación que Moisés hace en los primeros capítulos de Deuteronomio, me pregunto: ¿Eran necesarios 40 años para llegar a la tierra prometida?
Y es que, intercalados en los pasajes de esa parte de la historia de los judíos, puedo ver con claridad el poderío de Dios quien deja claro, a través de sus prodigios, que no tiene barrera alguna para hacer lo que está en su Voluntad y sus propósitos. Entonces, ¿para qué esas guerras perdidas y esos años de peregrinar en un desierto difícil de sobrevivir?
Cierto es que ni el alimento ni la ropa eran problema y, a pesar de las ansiedades de los israelitas, no podían declararse perdidos porque, Dios, jamás dejó de estar presente para guiarlos. Pero, ¿no hubiera podido ahorrarles algo de las penurias de vivir como nómadas?
Es cuando llego a ese momento de la reflexión que encuentro la justificación a la fórmula que Dios utilizó. Para llegar a establecerse y vivir en una tierra de abundancia, era importante que los israelitas pudieran conocerse de cuerpo entero y reconocer cada una de sus debilidades, sus móviles internos, su ingratitud y su verdadera naturaleza. Algo que, a fin de cuentas, se revela en los momentos en que ellos se quejan, se rebelan a Dios, son infieles y vuelven a la idolatría, una y otra vez, antes de confiar en Él.
Cuando pienso en nosotros, los cristianos modernos, nos veo orando siempre por bienestar, desalentándonos cuando la respuesta a nuestra petición no llega y volvemos a ídolos que nos resuelvan lo que Dios, en apariencia, no puede resolvernos. Nos enrolamos en hiperactividad en el trabajo para lograr llegar a la tierra de la bonanza o buscamos con desesperación, en la pareja, la estabilidad y confort antes de acercarnos a Dios para sentir la paz anhelada. El trabajo, las relaciones, las diversiones, el dinero y tantas cosas son los ídolos con los que somos infieles a Dios.
Así que, si pienso en los judíos errantes por 40 años, es como pensar en nosotros los cristianos que tampoco entendemos que, la libertad de nuestro opresor “egipcio”, la muerte, también nos fue dada a través de Cristo y, que las pruebas de nuestro peregrinar por la vida, son para mostrarnos lo que llevamos dentro y para que podamos corregirlo.
Y concluyo que, para los cristianos como para los judíos, en esta vida, no hay victorias express.