lunes, 12 de septiembre de 2011

"Música"

"En realidad, tú eres para ellos tan sólo alguien que entona canciones de amor con una voz hermosa, y que toca bien un instrumento; oyen tus palabras, pero no las ponen en práctica."
Definitivamente, lo que acabas de leer, puede ser una conversación entre el diácono de mi iglesia y mi Pastor, escuchada a tu paso por el corredor.
Pero no, en realidad fue escrita hace mucho, muchísimo tiempo y la leí en el libro del profeta Ezequiel. Y, lo digo con vergüenza, ¡no ha perdido vigencia!
Aunque mi día favorito es el domingo y se convierte en espectacular si al llegar no puedo encontrar un asiento disponible, a últimas fechas, me pregunto cuántos de nosotros podríamos compartir con un tercero lo escuchado.
Y, no es que no reconozca que las alabanzas, los abrazos y saludos al salir, la convivencia en los pasillos, me gustan muchísimo. Pero, ¿y el Pan de la Palabra? ¿Lo recordamos con tanta nitidez como las últimas noticias de nuestros amigos de la congregación?
Más allá, además de recordarlo, ¿lo integramos a nuestra forma de vivir como una instrucción precisa de Dios para nosotros?
Confieso, no siempre es así. Puedo relatar pasajes muy específicos en donde, por asociar el aprendizaje a una canción, se convirtieron en decisión, acción y convicción.
Si, ahora mismo, me esforzara en recordar el último mensaje de mi Pastor y lo que cambió de mi conducta, ¿tendría algo que contar? Y tú, ¿Qué podrías responder? ¡Piénsalo bien! 

sábado, 16 de julio de 2011

"Alegorías"

Dicen que los viajes ilustran y coincido plenamente. Hoy, por ejemplo, al visitar un viñedo de más de 60 hectáreas aprendí como cultivan 15 diferentes variedades de uva para producir 15 tipos de vino distintos. Y la planta de la uva tiene, particularmente, un atractivo adicional para mí pues es usada en la Biblia en repetidas ocasiones como figura central en alegorías que Dios usa para enseñarnos y guiarnos.
El viñedo, como tal, es especial en su manera de crecer y desarrollarse. De él tenemos un fruto pequeño pero que, idealmente, crece en racimos hermosos y tupidos. Al conocer a detalle su forma de cultivo y desarrollo, más entiendo la razón para que Dios lo utilice para sus enseñanzas.
Sin embargo, algo más llamó mi atención. Los vitivinicultores, para proteger los viñedos de las aves que buscan comer su fruto, rodean los campos de rosales y árboles de higos. Habiendo algo igualmente atractivo, dulce y aromático como las rosas y los higos, las aves no llegan a picotear los racimos, el fruto más rico en la zona.
Esta vez, las aves me recordaron a los cristianos pues, al igual que las aves, muchas veces nos vemos entretenidos con asuntos muy placenteros y gratos, lo que nos hace olvidar que íbamos en busca de un fruto mejor. Es como si el enemigo, deliberadamente, pusiera una barrera a base de deleites y distractores atractivos para evitar que lleguemos a disfrutar del verdadero manjar: vivir en la Palabra de Dios.
Muchas ocasiones pensé que la forma en que Satanás estorbaba mi cercanía con el Señor era a través de problemas y dificultades pero, al paso del tiempo, me doy cuenta de que, más efectivo que eso, son aquellas cosas que disfruto y que consumen mi tiempo hasta agotarlo, evitando mis encuentros íntimos con mi Dios.
Descubro un nuevo engaño al reconocer que, mucha parte de mi vida, vivo entretenida disfrutando higos y néctar de rosas en lugar de las deliciosas uvas de la viña del Señor, sus bendiciones.
Y tú, ¿qué disfrutas diariamente? ¿Higos o uvas? ¡Piénsalo bien!

domingo, 26 de junio de 2011

"Rincones"

A veces no puedo evitar el pensar en cuán equivocada es la forma de clasificar de la gente sobre lo que la Biblia dice y enseña. Muchos la toman casi como “letra muerta” cuando, en mi experiencia, es la más viva de las lecturas que han pasado por mis manos.
Por ejemplo, algo que casi todos hemos leído sin mucho detenimiento, es la forma en que Dios organiza a los israelitas en el libro de Exodo. Y, algo que particularmente me ha dado mucho que aprender son las ciudades de refugio.
Esas ciudades eran lugares adónde la gente que había cometido un delito, ahora llamado “imprudencial”, es decir, sin la intención de hacerlo, podían ir a vivir y así evitar una sentencia de muerte.
En mi vida diaria veo que tales “delitos” son cometidos por mucha gente, una y otra vez, sólo que su consecuencia es la ruptura definitiva de una relación, sentencias críticas y descalificadoras de los que los rodean o el constante ataque de la gente quienes los clasifican de por vida como “culpables”. Poca o nula oportunidad tienen esos infractores de recuperarse de las consecuencias de sus errores.
¿Qué sería de todos esos “culpables” si cada uno de nosotros abriéramos en nuestro corazón una pequeña ciudad de refugio? Un espacio, un rincón donde pudiéramos mostrar Gracia y perdón. ¡Cuántos no se librarían del cadalso de nuestro juicio!
Después de enterarme que Dios ordenó ese rincón de Gracia para mostrarla a los culpables, quiero abrir el mío y espero que se grande, ¡muy grande!  Y tú, ¿cuándo inaugurarás el tuyo? Tal vez ya es tiempo y te haga falta ¡Piénsalo bien!

sábado, 18 de junio de 2011

"Sin el Libro"

Mi transitar constante por las carreteras durante las últimas semanas, han ocurrido en todo tipo de panoramas y clima. Algunos paisajes bajo el sol del atardecer han sido un bálsamo a mis angustias y otros, lluviosos y oscuros, fueron el reflejo de mi propio estado de ánimo.  Pero los caminos cubiertos de neblina son los que más corresponden con mi momento de vida.
Por la niebla, la velocidad del ritmo de mi vida fue alterada y por momentos, hasta he quedado casi paralizada. Y, a pesar de ello, he tenido que continuar entre la espesa niebla de la incertidumbre. Hubo días en los que, avanzando sobre el asfalto, las únicas guías fueron las rayas sobre la carpeta oscura, con todo a mí alrededor borrado por la cortina de nubes, sin luz ni paisaje ni anuncios. ¡Qué difícil ha sido seguir adelante casi a ciegas!
Durante este tiempo pleno de urgencias, mis hábitos quedaron atrás, tanto que ¡ni siquiera pude leer mi Biblia diariamente! Pero, al igual que los momentos en que lo único que pude ver frente a mis ojos fueron las rayas sobre el asfalto, la memoria de sus enseñanzas fue mi guía para continuar a ciegas.
¿Vivo en pecado o desobediencia? Honestamente, creo que no. Y me alegro de haber atesorado en los tiempos soleados cada una de los versículos que, como rayas discontinuas, continuas, amarillas o dobles, me permitieron seguir sobre el camino en la certeza de que Dios me cubriría al caminar por fe y no por vista.
Hace no mucho hubiera vivido estos tiempos de vértigo con culpa por no mantener mi hábito de leer continuamente la Biblia pero, ahora, comprendo que ese arsenal de verdades son mi herramienta para los tiempos de tempestad.
Y tú, ¿Cuánto de las verdades de Dios has atesorado para los tiempos en que tengas que caminar entre la niebla? ¡Piénsalo bien!

sábado, 4 de junio de 2011

"Vacante"

Las pocas conversaciones que he tenido con personas que se declaran a sí mismas como “ateas” siempre me generan múltiples reflexiones y, por qué no decirlo, tristeza por pensar en la soledad que tarde o temprano vivirán al pasar de sus días sin conocer a Dios.
El turno, hace muy poco, fue de una joven decidida y diligente a resolver cualquier cosa o contratiempo que se le pone enfrente. Capaz de tomar decisiones sobre su lugar de residencia a sabiendas de todas las implicaciones como: llegar a un lugar sin conocer a nadie, buscar empleo y casa, vivir la incertidumbre y, a veces, hasta desconocer el idioma. Apenas rebasando los veinte, ya es independiente económicamente y con valor suficiente como para emprender los cambios que un día sueña o imagina.
Al observarla nace en mi admiración por su valentía y, en muchas áreas, su madurez. Pero una nube de ternura y compasión la empaña al darme cuenta de que, en esa temeridad, también vive un poco de arrogancia y soberbia, dos ingredientes que alejan a cualquiera de la oportunidad de una relación con Dios.
Y las evidencias para mi declaración, obviamente, están en la Biblia porque, ¿quién necesita a Dios si tiene la vida resuelta por sus propios medios?
En la gran mayoría de las historias en la Biblia encontramos que el personaje principal se encuentra en aprietos, con alguna imperante necesidad y que es incapaz de resolverla sólo.
Alguna vez pensé que Job era una excepción pero, al final del libro, encontré que él mismo declara que: “Antes sabía de Ti, Dios, ahora te conozco”. Era piadoso, respetuoso de Dios y recto, pero no conocía personalmente al Señor.
Pero, ¿por qué habría de sorprenderme con mi hallazgo si, desde que inicia la historia con Adán y Eva, conociendo ambos a Dios, buscaron independizarse de su tutela al decidir por sí mismos algo que era contrario a Su Voluntad?
Así que, sin olvidar mi conclusión y mi experiencia, respondí a las preguntas curiosas de aquella inteligente joven pero, con la misma honestidad, le dije que comprendía que ahora fuera tan firme en su decisión de “jamás creer”, pues en su vida, todavía, no está vacante el puesto de Dios. . . aún es ocupado por un ego que todo lo puede. . . hasta ahora.
He pasado por cosas muy difíciles y vivido grandes humillaciones que, ahora digo convencida, agradezco porque me enseñaron humildad y me mostraron mi incapacidad. Y gracias a eso, conocí a Dios y soy creyente. A ti, ¿qué te hace falta para reconocerlo y conocerlo? ¡Piénsalo bien!. . .

martes, 24 de mayo de 2011

"Entre sueños"

Como en un sueño las imágenes comienzan a empalmarse y me atrapan en la realidad. Los recuerdos de la gravedad de mi hija aún están frescos y se hilvanan con lo que intelectualmente vive en mi mente. La ensoñación me devuelve al pasado y tengo que observar, muy a mi pesar. . .
Mi hija yace sobre una cama. ¿El diagnóstico? Riesgo de infección en la columna vertebral y el cerebro, incluso, posible muerte de avanzar rápidamente. Si se detiene la purulenta sustancia que invade su cuerpo, sus miembros podrían quedar permanentemente inhabilitados. ¿Y Cristo?, dice la voz. Él yacía en la cruz de espaldas mientras sus miembros eran traspasados por clavos y a cada golpe el dolor era aún más intenso.
Todo inició con un dolor de cabeza insoportable, tan terrible, que el simple movimiento de levantar el mentón la hacía llorar con desesperación. ¿Y Cristo?, preguntó nuevamente la voz. Él llevaba una corona de espinas que, entre mofas, enterraron clavando cada afilada espina. Su frente, sus sienes, la cabeza toda sangraba de cada perforación.
Mientras mi hija sobrelleva el dolor, permanezco sentada a los pies de su cama orando con desesperación a Dios, mi Padre y ruego por su vida, por su salud, por el fin del sufrimiento. ¿Y Cristo?, escucho nuevamente. Él veía, desde la cruz, a su madre llorar y orar a Dios por Él. Seguramente, pidiendo también por el fin del sufrimiento de su hijo.
Después de muchos días, mi hija salió del hospital. El milagro ocurrió y, fuera de la herida por la cirugía y su rehabilitación, en cuestión de tiempo estaría lista para continuar una vida sana, normal y tomar su lugar en la vida de sus hijos, de nuestra familia. ¿Y Cristo?. . . Él sí murió después de tanto padecer. Él tuvo que vivir la separación de su Padre para bajar al inframundo. Él llevó todo el pecado sobre sí y expiró colgado, solitario, de aquel madero. Pero, al tercer día, también ocurrió el milagro más grande jamás visto: Volvió al seno de su familia, Su Padre en el cielo y tomó Su lugar junto a Él.
Y, también por Él, muchos de nosotros ahora gozamos de una familia inmensa y fabulosa: la familia de Cristo.
La remembranza aún me duele pero creo ahora entiendo mejor el sacrificio de Jesús, el dolor del Padre y el valor de la familia a la que ahora pertenezco.
Has escuchado mi historia y seguro te ha conmovido. Y has escuchado la historia de Jesucristo. . . ¿Aún te conmueves?. . . ¡Piénsalo bien!

lunes, 23 de mayo de 2011

"Sonidos"

Cuando pienso en un león acechando no lo imagino rugiendo y saltando sobre la presa. Más bien, la imagen que me viene es la de un animal agazapado y, como un gato doméstico, haciendo un sonido parecido al de un ronroneo aunque con otro énfasis.
Mi reflexión surgió al leer el versículo: “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8).
El recordatorio me hizo sonreír al pensar: ¿Acaso no muchos pensamos, alguna vez, al enemigo con cara horripilante y mostrándonos los dientes? Algo irónico si leemos en la Biblia como es que lo describe: ¡El lucero! ¡De las criaturas, la más hermosa! 
Y es que, al igual que esta frecuente y errónea concepción, el enemigo no actúa como un león arrebatado que inicia la persecución sin buscar el mejor momento o lugar. De hecho, creo que el rugido previo al ataque final puede tener muchas tonadas y ritmos: Tal vez sea la voz de una mujer no creyente, quien, como canto de sirenas, hace olvidar al joven creyente el mandamiento de Dios de “no hacer yugo desigual”; otras veces puede ser el tintinear de la fortuna que un hombre anhela tanto que decide usar los domingos para las reuniones en el golf, el mejor lugar para hacer negocios y no para ir a la iglesia y adorar a Dios; o, que tal los diálogos que una mujer escucha en las telenovelas y que, de tanto oírlas, van desplazando las verdades Bíblicas que fueran la guía de su vida cotidiana.
Los sonidos del ronronear del león pueden ser tan diversos y a la vez tan discretos, que logran traspasar la barrera de nuestra conciencia sin que suene la alerta. Es ahí donde el mandamiento de “Practica el dominio propio” toma importancia. ¿Podemos ejercer una fuerza de voluntad firme si no la ejercitamos? ¿Lograremos estar alertas si no prestamos atención, constantemente, a lo que nos rodea y puede influirnos? No por nada Dios nos insiste: ¡Cuiden sus ojos y sus oídos!
En mi caso, graves consecuencias que he sufrido en mi vida iniciaron con pequeñas infiltraciones. . . casi imperceptibles y suaves ronroneos del enemigo. Tú, ¿Te mantienes alerta? ¿Tanto como para alcanzar a escuchar los sonidos del acecho del enemigo de tu fe?. . . ¡Piénsalo bien!