lunes, 25 de abril de 2011

"Nadie quiere a Dios"

A manera de ejercicio, hoy decidí intentar escribir un párrafo acerca Dios como si fuera una persona a la que yo debiera presentar ante un público de oyentes. Haciendo uso de un buscador electrónico en la Biblia, escribí: “Dios es. . .”
El primer versículo que obtuve de mi búsqueda fue: “Dios es amor” (1 Juan 4:16)
La respuesta llamó mi atención y continué leyendo el listado que arrojó a continuación:
“. . .Y su amor para con los hombres” (Tito 3:4); “El Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios” (2 Tesalonicenses 3:5); “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, . . .” (Efesios 2:4); “. . . y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. . .” (Efesios 3:19); “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos. . .” (2 Corintios 13:14); “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. . .” (Romanos 5:8). . .
¡Vaya revelación!, y no me refiero al hecho de que yo desconozca del amor de Dios, sino al descubrir una de las razones por las que, en nuestra sociedad contemporánea, ¡Nadie quiere a Dios en su vida! 
Nosotros los creyentes como divulgadores de Su mensaje, desafortunadamente, hemos tomado la estrategia de resaltar con mucho énfasis en nuestros oyentes la urgencia de que reconozcan su condición de pecadores y su necesidad de Cristo para salvarlos de un destino de perdición. Desplegamos una interminable lista de reglas para convencerlos de que las han infringido, cuando, de principio a fin en las Escrituras, Dios dejó asentado reiteradamente que, lo que lo ha movido desde la creación del mundo, es ¡su infinito amor por nosotros!
¿Cómo he podido olvidar hablar de la esencia del corazón de Dios y la razón de la presencia de Cristo entre nosotros?
Cuando tú hablas a otros de Dios, ¿cómo lo presentas? ¿Como el Dios castigador y airado, o como el que ama sin límites?. . . ¡Piénsalo bien!

sábado, 23 de abril de 2011

"Palabras"

La Biblia es, a fin de cuentas, un libro que, como todos, utiliza palabras para expresar ideas, relatar historias, documentar hechos y registrar evidencia de la vida de los que Dios eligió para enseñarnos algo.
Los creyentes la leemos constantemente con la certeza de que, siendo inspirada por Dios, encontraremos respuestas para avanzar en el desarrollo de nuestra fe. Yo, después de 8 años, 6 meses y 24 días de camino en la fe, he leído la Biblia 4 veces y apenas caigo en la cuenta de que, muchas veces, sólo he llegado a la lectura de palabras para comprender superficialmente la idea. Otras ocasiones, siguiendo la invitación de la Palabra, he meditado en ellas. Pero, hasta hoy, es que estoy comenzando a sopesar la trascendencia de lo que implica vivir conforme a ella.
Y todo surge cuando se del abatimiento en el que vive una entrañable amiga, cuyo resumen de vida en el último año incluye: dejar el país que fue su hogar por más de 20 año; dificultades económicas graves; rezago profesional de varios años a pesar de ser una mujer brillante; la pérdida del negocio de su esposo; ver partir a su hijo; la desintegración de la empresa en la que veía la esperanza de resurgir profesionalmente y, muchos otros eventos que, uno a uno, la han dejado con las manos vacías. Sin proyecto definido de vida y sin dirección clara, sintió el desasosiego natural del que parece haber quedado atrás y olvidado de Dios.
Al pensar en su historia, no pude evitar preguntar a Dios: ¿Qué estás haciendo en la vida de quien te sigue y te busca de todo corazón, Señor?
Un versículo, que sólo habían sido palabras en mi memoria, se hizo respuesta viva: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
¡Juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí!
¿Qué hizo Jesús al morir en la cruz?, pensé. Entregó su vida, renunció a la gloria en que vivía para estar entre nosotros y por amor a nosotros. No nos dio algo, ¡se entregó a sí mismo por mí y para seguir la Voluntad del Padre!
Si como creyentes vivimos para entrenarnos para ser más como Cristo, ¿Por qué me sorprende que mi amiga, que anhela seguir a Jesús para sentir la presencia de Dios intensamente, esté teniendo que crucificar cada uno de sus anhelos? ¿No será que, para que la Voluntad de Dios se de en su vida plenamente, Él está haciendo espacio?
¡Vaya que tomé a la ligera la Palabra de Dios cuando habló de “ser crucificado”!
Y tú, cuando lees la Biblia, ¿qué tanto estás entendiendo su mensaje?. . . ¡Piénsalo bien!

viernes, 22 de abril de 2011

"Voluntades"

Caifás era el que había aconsejado a los judíos que era preferible que muriera un solo hombre por el pueblo”, leemos en el libro de Juan (18:14) y la cita parece referirnos que aquel religioso judío tomaba la decisión de sacrificar a Jesús, uno de los suyos, por el bienestar del resto del pueblo israelita. Y eso podría parecer una razón justificable y hasta cierto punto, sabia.
Pero, ¿qué movía en realidad a aquel hombre? ¿Era su motivación verdaderamente interesada en proteger a los suyos?
Otros pasajes nos hablan de la irritación que los religiosos sentían por la popularidad de Jesús y porque sus predicaciones no hablaban de las religiosidad con la que ellos se empeñaban en sujetar al pueblo, sino de una relación de amor con Dios.
La voluntad de aquel grupo de dirigentes religiosos judíos era que Jesús muriera para acabar con el problema.
Paralelamente, otra Voluntad estaba dando curso a la historia en la vida de Jesús, una con motivaciones y razones muy distintas, fundabas en un verdadero amor y con miras, también, a resolver un enorme problema: la muerte eterna de los humanos.
Probablemente, cuando Cristo expiró en aquella cruz, Caifás, Anás y el resto del sanedrín, reunidos se congratularon por haber logrado su cometido. A su entender, su voluntad había prevalecido, sin imaginar que no había sido su voluntad sino la de Dios y Jesús mismo la que había llevado todo a ese fin. Ellos, que se creyeron los autores intelectuales, no fueron más que instrumentos del verdadero Autor, Dios.
¿Cuántas veces no he pensado que estoy en manos de gente que, con sus decisiones, maneja mi futuro? Y, ¿cuántas veces más, yo misma, me he creído capaz de forjar mi destino?
No sé qué estarás viviendo ahora, pero, ¿quién crees que está dirigiendo el cauce de tu vida?. . . ¡Piénsalo bien!

jueves, 21 de abril de 2011

"Traición"

“Traición: alevosía, deslealtad, perfidia, infidelidad”. Todas estas palabras son sinónimos de “traición” y cada una de ellas va sumando un acto más de impiedad a la acción. La alevosía sugiere que, el traidor, además del acto en contra del traicionado, es responsable y consciente del daño que pretende hacer. La deslealtad y la infidelidad implican un pacto, un vínculo o acuerdo entre el traidor y el traicionado hecho antes de manera explícita.
En la Biblia tenemos varias historias que nos relatan de traiciones: Saúl, por ejemplo, traicionó a David y a Dios con su desobediencia.
En el capítulo 14 del libro de Juan, las Escrituras nos relatan el triste papel de Judas Iscariote como el traidor de Jesús, su maestro y Rabí, a quien había acompañado por tres años, de día y de noche. De quien había recibido la encomienda de salvaguardar y administrar los recursos para la provisión de los apóstoles. Y a quien, en un acto explícito de desaprobación por la forma en que se conducía como líder, entregó a sus perseguidores.
La pena me embargó tanto por Judas como por Cristo. ¡Que ciego tuvo que haber sido el pobre Judas como para no creer en Jesús después de presenciar milagros e incluso compartir los dones que les otorgó en diferentes momentos! ¡Cuánta soberbia contenía su corazón como para no poder renunciar a sus expectativas sobre la liberación de su pueblo por medios humanos! ¡Cuánto sufrimiento debe haber padecido al saberse el autor de la terrible e inmisericorde tortura de Jesús, al que seguramente amaba!
Pero, ¿y Jesús? ¿Acaso no amaba a Judas y, sabiéndolo todo como Dios que es, no sufrió de antemano sabiendo que lo entregaría a sus enemigos? ¡Cuánto debe haber sufrido Jesús por Judas, pues sabía del dolor que viviría redargüido con tal fuerza que hasta la vida perdería! ¡Que tragedia vivir el día junto a Judas conociendo de su mentira!
En la relación de Jesús y Judas existía amor y, por un tiempo, lealtad por parte de Judas. Y eso hace que la traición duela más, probablemente, que la consecuencia de la traición.
Tristemente, me doy cuenta, de que todos apuntamos con el dedo a Judas y lo juzgamos pensando en su baja condición moral por lo que hizo, pero, siendo honesta, reconozco que más de una vez he traicionado a Jesucristo haciendo lo mismo que Judas. Yo también he intentado forzar la voluntad de Dios y pretender resolver los problemas a mi modo haciendo a un lado los principios que Él me marca. Y, con mi conducta, he entregado el nombre de Jesús en manos de sus enemigos.
Mi conciencia me acusa y me duele pensar que, muchas veces, lo he traicionado y avergonzado Su nombre. Y tú, ¿encuentras algo de la vida de Judas en tu propia historia?. . . ¡Piénsalo bien!

lunes, 18 de abril de 2011

"Derrocado"

Tal vez uno de los conflictos mayores que enfrentan lo creyentes jóvenes actualmente es sobre el mandamiento explícito de Dios: “No harás yugo desigual”. Y, leyendo el antiguo testamento, veo que Dios pedía a Israel, una y otra vez, que no se unieran en matrimonio con los habitantes de pueblos que practicaban la idolatría y no lo honraban.
Parece que la razón para esa instrucción resultaba muy obvia. La adoración de ídolos era y había sido una de las razones para el alejamiento de Israel de la presencia de Dios. Y que en nuestros tiempos, donde ya no es tan evidente la presencia de tales ídolos, el mandamiento pareciera que ha perdido vigencia.
Una sola imagen me hizo descubrir que los ídolos, aunque ya no son de piedra, siguen siendo el motivo de una persona para alejarse de Dios y desplazarlo por una nueva imagen de adoración.
Aunque es difícil pensar que el bello rostro de una joven puede convertirse en el ídolo que sube al trono que sólo Dios debiera ocupar en el corazón de un hombre, la realidad es que Dios es derrocado con más frecuencia de la que quisiéramos por un par de ojos bonitos.
Ante la disyuntiva de los jóvenes para optar entre Dios o la persona por la que se sienten tan atraídos, su fe se ve disminuida para evitar que se interponga a su decisión de conservar a su ser amado.
Confieso que siento una profunda tristeza por nuestros jóvenes y otra, aún más grande, por el dolor de Dios al sentirse desplazado. Y me pregunto, además de una pareja, ¿cuántos más ídolos no estarán ocupando el lugar de Dios en nuestra vida?. . . ¡Piénsalo bien!

"Título"

Cuando vamos de viaje, un sólo pensamiento puede marcar la diferencia sobre nuestra forma de vivir el trayecto: nuestro destino.
No es lo mismo un viaje cuyo fin es el encuentro con un cliente que nos espera con una queja sobre la calidad de un producto que nosotros le vendimos, a que aquel que hacemos para reunirnos con la hermana que no hemos visto en mucho tiempo. Nuestro ánimo, nuestras expectativas y la forma en que viviremos el tiempo de traslado es definido por lo que nos espera al final del camino.
Si, como una agencia de viajes, tuviera que dar un título al viaje por la vida de todo creyente, muy probablemente la llamaría “Camino al cielo” porque, a fin de cuentas, ese es el destino final de todos los creemos en la salvación que Cristo , con su muerte, nos aseguró.
Y, uno de los últimos anuncios que Jesús hizo antes de volver junto a Dios Padre, me hace reflexionar sobre el lugar al que finalmente llegaremos y me recuerda que la vida es tan sólo un tiempo de tránsito mientras llegamos a él: “En la casa de mi padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2).
¿No sería, entonces, suficiente motivo de aliento y alegría en los momentos de prueba el saber dónde será nuestra morada final? ¿Acaso una estancia eterna junto a Dios no es suficiente razón para vivir el recorrido temporal por esta tierra con esperanza y la correcta perspectiva?
Sin negar el derecho de reconocer el dolor que las tribulaciones nos hacen sentir, me cuestiono, ¿realmente creo que el cielo y una vida junto a Dios es mi destino? Tú. . . ¿lo crees verdaderamente?. . . ¡Piénsalo bien!

sábado, 16 de abril de 2011

"El engaño"

 Cuando recién inicié mi camino en la fe surgió una idea que, me di cuenta después, era un engaño del que no podía responsabilizar a nadie más que a mi propia expectativa.
Esperaba que, como por arte de magia, mis problemas se esfumaran y que el futuro no incluyera más que felicidad y un camino recto, plano y sin contratiempos. Pero las cosas no sucedieron así y pronto comencé a engendrar la sensación de que, mi nuevo Dios, estaba fallándome.
Mi ignorancia comenzaba a causar estragos y, gracias a la dirección de una mujer mayor, madura en la fe, mi auto-engaño fue velándose a la luz del conocimiento de la Verdad.
Versículos como: Por que el dolor que viene de Dios es para salvación, pero el que viene de Satanás es para muerte, cambiaron mi idea de que Dios quería evitarme cualquier experiencia dolorosa; o, “Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas” (Isaías 43:2). 
¿Por qué será que, cuando el resultado del conocimiento está contra nuestra expectativa, hasta la lógica más elemental es desechada?
Cruzar las aguas, los ríos y el fuego, son imágenes que nos hablan de prueba y las pruebas, por definición, implican reto, dolor o sacrificio y, recordando que Dios también dispone dolor para entender nuestra salvación, mi expectativa de una vida sin retos se reveló como una estratagema de mi ego ávido de confort.
Confieso que, a la fecha, no me gustan las pruebas dolorosas y que muchas ocasiones me rebelo a la idea de que Dios está detrás de ellas. Pero, cuando las emociones bajan, la Verdad me recuerda que es Dios quien las permite y que tiene un propósito para ellas.
Cuando tú decides confiar y tener fe en Dios, ¿también incluyes el dolor y las pruebas como parte de Su Voluntad?. . . ¡Piénsalo bien!